San Sebastián 2016
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Agosto

Mientras yo estoy de vacaciones, os dejo un par de vídeos de Marco Benevento. Le he visto dos veces: en el Austin City Limits de hace tres años -con el Benevento - Russo Duo- muy potente, teclados y batería, unos modernos ELP; y en el Newport Jazz Festival, ya en versión Jazz (¿es jazz?). De este último Festival vine con la idea de que Christian Scott y Marco Benevento debían venir al Jazzaldia. Scott ya ha estado, vamos a ver si Benevento también…

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A veces recuerda a una versión puesta al día de Medeski, Martin & Wood. 

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A Antonio Gamero

 Hace ya ni sé cuantos años, me llamaron de TeleNorte -que por aquel entonces disfrutaba de una desconexión de hora y media cada mediodía de lunes a viernes- para que presentará una serie de grabaciones efectuadas por Televisión Española en las primeras ediciones del Jazzaldia, entonces Festival Internacional de Jazz de San Sebastián. 

Todos aquellos programas estaban presentados, originalmente, por Antonio Gamero. Acepté. Visioné y disfruté muchos programas. La música era fantástica y con las presentaciones de Antonio aprendí mucho.

No se puede decir que le tratase asiduamente; además, siempre fue en el entorno del Festival de Jazz. Pero sí que hablamos de lo divino (no era partidario) y de lo humano (de esto sí era partidario enfervorizado); de Jazz; de política; de nuestra ciudad. Con Antonio no comenzabas una conversación si no le podías dedicar un tiempo. Estuvo asistiendo a conciertos en la Trini hasta hace no muchas ediciones.

Descanse en Paz. 


La Familia Y Unos Más

  Los (muchos) que estuvimos ayer en el backstage de la Plaza de la Trinidad nos lo pasamos estupendamente con el concierto y con el ambiente en el minúsculo recinto en el que se gestiona todo lo que pasa en el escenario. Es costumbre que todo el staff del Festival se acerque el día de la clausura hasta la Trini y lo abarrote (al backstage me refiero). Ayer, además, tuvimos celebración familiar.
Les aviso, si se encuentran con la familia Kristofferson, procuren pegárseles. Hagan planes con ellos. Kris está fantástico. Lisa, su mujer, es un auténtico encanto, siempre sonriente, comunicativa, amable. Además tiene mil historias que contar. Los hijos, callados, también amables, les dejan el protagonismo a sus padres y llevan las maletas. Hablan español y les gusta nuestra ciudad. Llegaron conduciendo su roulotte y, nada más aparcarla, se pasearon por el paseo Nuevo, entre otros “marcos incomparables”.
Por si no fuera poco, se encontraron con una cuadrilla de admiradores -en el backstage, quiero decir; frente al escenario había varios miles- que les rindieron pleitesía como solo los seres inteligentes pueden hacer con las leyendas de un estilo musical.
En noches como esta da gusto trabajar hasta tarde.
Gracias a todos. Hasta pronto. (Cerraré el blog dentro de un par de días para irme a la Cochabamba de vacaciones). Un abrazo.


Respondiendo, respetando, responsabilizándose.

Minuri nos envia su contribución en forma, principalmente, de dolida lamentación por las conversaciones y ruidos varios con que una parte del público asistente a los conciertos de la Trini muestra su falta de respeto al resto de los asistentes y a los músicos. Antes, ciertamente, todos teníamos que lamentar la desfachatez de los comensales de las diversas cenas de la Sociedad Gastronómica que, poniendo su vida en peligro mediante el sencillo método de aglomerarse en unos balcones que no parece desde abajo que puedan soportarlos, se dedicaban a hacer gala de su cultura, de su educación y de su capacidad intelectual molestando gratuita y ostentosamente. Ahora, tenemos a los hunos en la propia Plaza. Yo también me inflamo ante semejantes muestras de desden hacia la música y al derecho de los demás a escuchar un concierto de Jazz en paz.

Ni por asomo reclamaría, para los nuestros, las hipócritas convenciones del público de la llamada música culta. Nuestra sociedad acuñó el concepto y la palabra “farisaico” por algo. Prefiero un par de gritos y algo de ruido ambiente a una pléyade de tosecillas y carraspeos. Pero lo que no soporto es el desden, la conversación a gritos a lo largo de interminables minutos, el móvil mierdoso, el “no me interesa y los demás que se jodan”. 

Vamos a hacer algo entre todos, organizadores y público vamos a ponerles en evidencia; pero, todos juntos. Con la seguridad de que hacemos un bien a la música, a los músicos y a nosotros mismos.

Porrompi, en cambio, siente que la presencia de TVE grabando los conciertos de la Trini, no le respeta. Que le molesta, vaya. Y no puedo dejar de entenderle. Pero, Porrompi, este es un mal necesario. Entre tantos Festivales, solo unos pocos tienen el “honor” de ser grabados y emitidos por TVE. De las demás emisoras de difusión nacional, mejor no hablar en este sentido. Esto nos ayuda de cara a nuestros patrocinadores y al prestigio del Festival que, a la larga, siempre se traduce en mayor facilidad para programar. Respecto de los adminículos concretos que utilizan para efectuar las grabaciones, hay razones técnicas que yo no sé exponer adecuadamente. Pero sí que te puedo hacer notar que la Plaza de la Trinidad está llena a rebosar en la mayoría de las sesiones, que hay muy poco espacio para instalar los citados artilugios y que, a pesar de lo que a primera vista parece, una cabeza caliente o una cámara en rail automático requieren una superficie de control y de contrapeso muchísimo mayor que la necesita la arcaica grúa que instala TVE. Insisto, en cualquier caso, en que lo siento.

Por último, una breve reflexión: este Festival ofrece muchísima música gratuita. Con un criterio, a mi entender, un poco frívolo, hay gente que no le da a este hecho, ni a esta música, ni a estos músicos, la importancia que, a mi entender, tienen. Dos peticiones: la primera es que si alguien asiste a un concierto gratuito y no le gusta -quizás porque no está intelectualmente preparado para disfrutar de una propuesta de cierto nivel y apreciada, por otra parte, en toda Europa- antes de hacer el cabestro y gritar fuera o, incluso, erreala, que abandone en silencio el recinto y se la machaque en otro lado, por favor. La otra petición es que perdamos el pudor a gastarnos algo de dinero en los bares del Festival. No se obliga a nadie, pero los botellones con Mirinda y Tropicola, no ayudan a esta organización a seguir trabajando y haciendo mayor, mejor, más interesante y más divertido este Festival. Por si alguien tiene dudas, el disfrutar del Jazzaldia no es derecho inherente a su condición de habitante del planeta Tierra, tiene más bien que ver con conceptos como Cultura, Ocio, Convivencia y Urbanidad.   


Master And Commander

 En la placa que le entregamos a Ron Carter el jueves en la Trini, el propio homenajeado nos hizo grabar tras su nombre el último título que ha recibido. Es un título francés y comienza así como Commandeur des Arts …Pues, nada, se lo pusimos. Y Ron, que, sin duda es Commandeur, hizo un gran concierto; pero así como de Commandeur que iba de pesca con unos amigos. No se complicó la vida, leyeron un importante porcentaje de la música que sonó en la plaza y, aún así, nos encantaron.

Pero Comandante, Comandante, Wadada si que fue Comandante: dueño y señor de un escenario y de 90 minutos de nuestras vidas. Su tono está mejor que nunca: ¡que sonido!, ¡que limpieza! ¡que potencia! ¡que claridad de ideas! ¡y que grupazo! A Vijay lo vimos al piano solo unas horas antes y nos maravilló. John Lindberg el bajista, sólido, imprescindible en este grupo. Pero, señores, el batería era, nada más y nada menos que Pheroahn Ak Laff. Se dice pronto…que no fácil. Para mí, ha sido siempre una leyenda. Ha venido a este Festival en varias ocasiones y, durante la temporada regular, ha llegado a tocar en el club: es un monstruo. Un pulso rítmico hecho persona, un esteta de las baquetas, ¡me encanta!

Holland, también, está que se sale.

Hiromi es como Ronaldinho en sus buenos tiempos, haciendo cosas imposibles con una sonrisa. Con esa cara de estar sentada al piano en casa de su tío Stanley, mientras espera la merienda: probablemente, bocata de wasabi.  

El Nauticool en marcha y con mucha gente disfrutando: bien los DJ’s y el trío de Juan Rodrigo.

El Pájaro bien y, hoy, en el Nauticool, requetebién.

Y Sweet Billy Pilgrim, broche dorado a una jornada intensa y de calidad. ¡Que facilidad tiene este jodido para hacer, con lo mínimo, fabulosas canciones pop con chaquetilla folk! Muy bueno lo suyo. 

Pero, sin duda, el triunfador del día ha sido Giorgio Bassmatti: además de llenar el recinto, nos abrió los ojos sobre importantes acontecimientos contemporáneos, acaecidos o a punto de suceder en nuestra ciudad. Nos animó para afrontar el duro día a día de nuestra rutinaria existencia, insuflándonos la tan necesitada alegría y optimismo que nos ayudarán, casi seguro, a ser mejores personas y a beber más cerveza y fumar mejor y más sano tabaco (o así). ¡Todos queremos a Bassmatti! 


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